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miércoles, 22 de junio de 2011

Once de oro, misión JJ OO

Este es el partido", proclamó ayer Milla para justificar por qué repetirá el once que sacó de escena a la República Checa y Ucrania. Diez de esos jugadores (todos menos Muniain) también estuvieron en la alineación inicial ante Inglaterra. El problema del doble objetivo, la clasificación olímpica y el título continental, es que cada partido es el partido y los jugadores son los mismos. Sobre todo si Milla entiende que hay un salto notable entre titulares y suplentes. Ahora preocupa la fatiga, quizá porque han dejado de preocupar los rivales vista la superioridad de esta Roja casi en flor.

Cinco de los titulares de hoy han llegado al campeonato con más de cuarenta partidos en las piernas y otros tres, con más de 35. Y tendrán esta tarde un partido muy físico ante Bielorrusia, selección que en marzo nos empató (1-1) en un amistoso en Alcalá, en partido en el que se lesionó Bojan.
Vale como advertencia pero la referencia es engañosa: los bielorrusos apenas cruzaron a campo español y la alineación de Luis Milla fue muy diferente a la que presente hoy. Tampoco entonces había dado el técnico con esa tecla de las cuatro avispas protegidas por ese guardaespaldas llamado Javi Martínez.
Cansada o no, la Selección no podrá ocultar su condición de favorita. Las apuestas no admiten duda: el triunfo bielorruso se paga 11 a 1.
Tampoco intimidan sus números en el torneo. Con una victoria y dos derrotas se han plantado en semifinales, sin bien en el playoff previo tumbaron a Italia, selección con siete vidas. Sólo dos de sus jugadores actúan fuera del país y tres son internacionales absolutos. Bielorrusia, república desgajada de la URSS, tiene una vida corta. Debutó en 1992 y sólo el barcelonista Hleb (tiene contrato hasta 2012, aunque no cuenta para Guardiola) ha alcanzado cierta celebridad. Tampoco hay un entusiasmo desbordante por el fútbol. Por cada licencia bielorrusa se cuentan 26 españolas.
Conviene, en cualquier caso, no desatender que su fútbol físico y bien estructurado le ha llevado hasta aquí y que recupera a dos sancionados, Politevich y Bukatkin, para el duelo. Con todo, no parece rival para España, que ha convertido en cuestión de Estado su presencia en estos Juegos.
Nueve participaciones olímpicas nos han dado dos platas y un oro, pero se han perdido las dos últimas generaciones, con futbolistas muy importantes. Los de ahora pretenden pisar una villa olímpica, casa común del deporte español que iguala por unos días a todas las disciplinas. En cierto modo humaniza el fútbol y le hace más simpático ante el país. 

miércoles, 8 de junio de 2011

Vino español gran reserva


Venezuela-EspañaSin dejar la imagen de marca que nos acompañó elegantemente en Boston, España cerró con limpieza el curso en Venezuela y convirtió a Del Bosque en recordman de victorias. Fue el triunfo de la eficacia y del oficio, porque no todos los enemigos piden la misma faena. La de ayer tuvo menos fotogenia que la del sábado, pero dejó los goles que barruntaba Chávez. Sólo que el saco colgó sobre la espalda de Venezuela, claramente mejor selección de lo que se leyó en el marcador. Entre su pegada y la España hubo un Atlántico, esos 68 puestos que las separan en la lista FIFA. También entre Vega, su portero transparente, y Valdés, formidable cuando le exigieron. Dormiremos a pierna suelta si coge un catarro Casillas.
El partido tuvo una presentación sofocante: más de 30 grados, un 70% de humedad, el césped alto y Venezuela a la carga, con una presión furiosa, repartiendo mandobles y presumiendo de energía. "Denle en la madre patria", titulaba el periódico deportivo de referencia venezolano. Y un golpe en la madre patria suena a doloroso. A ratos hubo que mirar tanto por la salud como por el resultado. A los 20 segundos Orozco exigió por primera vez a Valdés. El jovencísimo zurdo fue la locomotora de la Vinotinto y un mal cliente para Iraola. Tiene chispa y buena vista para el último pase. Por ahí se adivina el futuro de Venezuela, que ya rueda con el pelotón en Sudamérica y aspira a cazar algún sprint de puertas afuera y que roza el empate con el béisbol de puertas adentro.
[foto de la noticia]España, para quien después de Sudáfrica cada partido es un desfile, un ejercicio de responsabilidad que le obliga a jugar con el qué dirán en los talones, salvó la embestida con un golpe de fortuna: Villa lanzó un golpe franco desde 25 metros. La estirada tardía de Vega, traicionado después por un rebote en el palo, lo convirtió en letal.
Pedro. Lo tomó con un accidente la Vinotinto, que apretó de verdad un cuarto de hora más. En aquellos momentos una selección preparaba la Copa América y otras las vacaciones, pero España sacó una segunda mano y refrescó mucho el ambiente. Fue en una pared Villa-Pedro culminada por el canario, futbolista de más definición que participación. No aparece demasiado, pero a poco que le agiten, caen goles, que también es virtud. Fue segundos después de que Valdés le sacara un mano a mano a Maldonado. A España la sujetaron bien Xabi Alonso, con el que nunca se desencuaderna el equipo, y Villa, que tuvo movimiento y burbujas. Iniesta, en cambio, anduvo menos emprendedor que Silva. Su fútbol no mereció reproches pero tampoco transmitió emoción. Le echó de menos Llorente.
El gol de Xabi Alonso en otro golpe franco, que pilló de nuevo fuera de cobertura a Vega, le quitó cualquier traumatismo al carrusel de cambios posterior. Llegaron al partido Silva y Cazorla con menos iluminación que en Boston, aunque con el mismo buen gusto, y debutó Manu del Moral, que nos hizo más rápidos. También tuvo su ratito Torres, que sigue sin ángel (falló una ocasión clamorosa). Pero el 0-3 se había llevado ya por delante la moral venezolana, pese a que Arango y Miku, enemigos conocidos, mejoraron el panorama, y el apetito español. Sin presumir de estilo, nuestra reputación no estuvo en peligro.